lunes, 26 de marzo de 2018

IV


¡Fin de semana! Y qué fin de semana me esperaba; al fin había terminado el bimestre, ya no quedaba examen alguno por el cual preocuparse y mi linda linda amiguita rosada pronto pasaría a ser mi linda linda novia.

Amy al fin había accedido a salir en una cita conmigo. 

Yo sé que ella, al igual que yo, ha querido que suceda desde el primer día, pero su excelencia académica no le hubiera permitido distraerse de tal manera apenas empezando el ciclo escolar. Y lo entiendo... pero ya no había nada que se interpusiera entre nosotros.

Amy de verdad lo tenía todo; era bella, inteligente, divertida, interesante, linda...

Lo verdaderamente difícil fue convencerla de visitar el bosque pancromático conmigo, pues aunque estaba a una patada de mi casa, quedaba lejos de la ciudad. Eso, y los numerosos rumores que circulaban acerca de él; se trataba del bosque más extenso del mundo, una maravilla de la naturaleza. La leyenda dice que quien se atreviera a entrar, se embobaría al instante por su belleza y jamás volvería a salir de ahí. Algo tiene por ahí de criaturas del bosque y fantasmas, pero vamos, esos eran sólo rumores.

Esto, claro, no se lo dijo a sus padres, o no hubieran accedido a mandarnos a su chófer.

Y aunque de verdad estaba muy entusiasmado por finalmente estar a solas con ella, el día no empezó tan bien como me lo había imaginado. Me resultó imposible despegarla de su celular. Sus respuestas eran maquinales y sus risas, falsas. No conseguí que me volteara a ver en ningún momento de camino del colegio a mi hogar.

Bueno, bueno... Estaba seguro de que todo sería diferente una vez que me declarara. Así que, con esa idea en mente, no dejaría que me tumbara ningún silencio incómodo ni cualquier tema de conversación tan aburrido. 

Había un sol precioso y soplaba suave el viento, y aún así me costó muchísimo convencerla de salir por una buena vez. Para tratarse de la capitana de porristas, nunca cruzó por mi mente que fuera de las que de verdad detestaban caminar.

Y así fue como en menos de diez minutos terminé llevando a Amy en mi espalda.

Nada de falso tenían esos rumores. Se trataba en serio de una maravilla, una vista preciosa desde el primer paso y juro que era más hermoso al minuto. ¿Y sería verdad que las cuatro estaciones del año estaban contenidas en distintas secciones de él? Ahora lo creía, pero igual tenía que verlo.

Amy me abrazó durante todo el camino. Me encantaba sentir su mejilla contra mi cabeza y el cómo observaba, tan maravillada, a su alrededor. ¡Parecía una niña! 

- Ésta debe ser la primera parte del bosque; Eternal Spring. - Pude apenas comentar sin poder desviar la mirada, sin poder concebir en qué momento se había vuelto tan precioso.

Como su nombre lo indica, y vaya que es claro, aquí siempre es primavera...

- Wow… Es en verdad... increíble... - Dijo bajándose de mi espalda. Con ojos muy abiertos, adelantó un par de pasos, sin aliento.

Amy se veía radiante con aquel vestido azul cielo y su preciosa cabellera fluyendo en armonía con el viento, rodeada de tantas flores.

Me acerqué a ella. No notó mi presencia hasta que finalmente la tomé del rostro e hice que me voltease a ver, permitiéndome que le colocara una flor en su pelo.

- Es la primera vez que veo una flor de este color. Combina muy bien con tus ojos. - Añadí esbozando una sonrisa, retrocediendo un paso para poder verla con mayor claridad. Ella se había sonrojado. Era el momento que buscaba. 

Tomé sus manos con delicadeza, me acerqué todavía más a ella. Cada vez se ponía más roja, pero no le incomodaba. Le gustaba. Tenía su rostro tan cerca del mío. Nuestras frentes terminaron juntas, no pude evitar sonreír. Realmente estaba disfrutando este momento. Y aunque se sentía como una eternidad, en realidad duró apenas unos segundos.

Al abrir los ojos, mi atención fue desviada por completo al notar cosa tan extraña a mi izquierda.

Tuve que apartar a Amy por unos momentos, a lo cuál ella me miraba con duda. La tomé de la mano, pidiéndole con ese gesto que me siguiera, y sobretodo que no se separara de mí por nada del mundo. Conforme avanzábamos, pude ver con claridad que, en efecto, un gran pedazo de bosque se encontraba destruido, falto de árboles y con un ambiente muy distinto al resto. Terrible.

- ¿Es posible que haya incendiarios en un lugar como éste? - No pude evitar comentar entre dientes, furioso ante la idea. 

Amy soltó un grito de horror, guiando mi mirada a algo todavía más espantoso; Un cuerpo abandonado, tirado en el suelo boca abajo, sobre un charco de sangre.

Cómo no se me ocurririó que usarían lugar tan remoto para cometer crímenes, para esconder cuerpos, para cualquier estupidez que se les pudiera ocurrir.

Se trataba de un erizo, un erizo de pelaje negro y púas con mechas rojizas recorriéndolas hasta las puntas, si acaso de nuestra edad. Se encontraba en pésimo estado, pero era notorio que no llevaba mucho tiempo ahí. Su chaqueta se encontraba desintegrada, si es que acaso aquello se trataba de una chaqueta. Sus púas se encontraban completamente alborotadas,  chamuscadas. Me hinqué frente a él sintiendo gran aflicción, sin saber siquiera en qué pensar, mucho menos en qué hacer. Tomé de su brazo y, con cuidado, lo coloqué boca arriba. Solté un suspiro tras pensar lo peor, sintiendo suma lástima por él. Nos limitamos a guardar un minuto de silencio.

No había rastro de bala, no había sido apuñalado, pero no cabía duda de que había sido víctima de algún incendio. Bajo todo ese pelaje quemado, su piel se encontraba sumamente irritada.

No duró mucho.

- Sigue vivo.

Amy no me creía pero yo no perdí ni un segundo. Mis manos estaban embarradas de sangre y lo gélido que se sentía su cuerpo contra el mío era una cosa irreal. Pero ni bien conseguí subirlo a mi espalda, Amy soltó otro chillido. Retrocedió casi de un brinco y se llevó las manos a su boca, su rostro lleno de horror cuando vio el brazo del erizo moverse entre mis dedos mientras que una mueca comenzaba a dibujarse en su rostro. Un escalofrío también recorrió todo mi cuerpo. De un suave pulso a completa movilidad.

Se había despertado.

Me había empujado con gran fuerza, aterrizando a unos metros de distancia de nosotros. Regresé la mirada al instante. Se encontraba apoyado sobre una rodilla, tambaleándose, apenas pudiendo ocultar la torpeza de su movimiento. Pero no por ello me quitaba de encima aquellos intimidantes ojos rojizos.

Una mirada espantosa, extremadamente fría.

Se llevó una mano contra el pecho, dándose rápidamente un par de golpes contra éste, como si él tampoco creyera lo que sucedía. Inmediatamente, se la llevó detrás de la nuca.

- ¿Quién demonios son ustedes? - Su voz era inconcebible. Era más como un susurro; seguro, pero temible. - ¿Dónde estoy?

Pero desvió la mirada al instante, como si tan sólo hacernos tal pregunta le hubiera irritado. Regresaba un momento a ver a su alrededor, al siguiente nuevamente a mí, como si jamás me hubiera perdido de vista.

- Tranquilízate, por favor. Un momento atrás...

Pero no pude siquiera intentar calmarlo. Volvió a dar otro gran salto, pasando sobre Amy y yo, aterrizando al otro lado y levantándose al instante, como si así buscara bloquear nuestra salida. 

- Oye, nosotros no somos los malos. - Dije adelantando un paso. Comenzaba a fastidiarme.

- Naturalmente... 

Se me revolvió el estomago. Tan sólo ver aquella sonrisa sentí congelarse el momento, su mirada sobre la mía y el temor inevitable que era pensar en el grave error que había cometido. ¡Qué tonto había sido!

Se lanzó contra mí de repente. Era indescriptible. ¡Era tan veloz!

Pero él sólo podía mover un brazo. Era una agilidad impresionante, aunque necesitaría más que eso si quería vencerme.

- ¡No voy a pelear contigo! - Proferí cuando finalmente pude detener su puño. Intentaba forcejear, estaba realmente empeñado en hacer que lo soltara. - No te quiero hacer daño.

- ¡Ja! Quisiera verte intentarlo. - Y de un rodillazo me forzó a soltarlo, inmediatamente lanzándome de una patada contra un árbol a pocos pasos de Amy.

Me llevé mis manos contra mi estómago, intentando recuperar el aire. Me levanté con muchísima dificultad, pero lo hice de igual manera en tiempo récord, disimulando. Este sujeto era en verdad fuerte. 

- Gracioso, y pensar que momentos atrás eras tú quien estaba en peligro...

Pero a un segundo de aceptar su desafío, mi oponente se echó a toser frenéticamente, dejándose caer de rodillas, con la mano contra su estómago. Me asusté al verlo respirar con tanta dificultad tan repentinamente, al ver aquella expresión de agonía en su rostro. No sé qué fue lo que me movió. Sé que no lo dudé ni un momento e hice que se apoyara contra mí antes de que cayera contra el suelo.

- Tranquilízate, por favor. - Quise alzar la voz. - Entiende que estoy de tu lado. Si hubiera querido hacerte daño, te hubiera dejado ahí tirado para empezar, ¿no crees? 

Al escuchar aquellas últimas palabras, intentó con mucho esmero levantarse una vez más y soltarse de mí, todo en vano. No pudo más que apenas alejar su rostro del mío súbitamente.

- ¡Por qué no sólo me dejas morir entonces! - Pero su rostro ya no se mostraba molesto. Era peor. Era horror puro lo que había visto. 

Cayó contra mi hombro. Puse mi mano contra su pecho, alarmado, pero su corazón seguía latiendo. Era un latir inusual, pero era buena señal. Sólo se había desmayado.

- ¡Sonic! ¡Qué haces! - Exclamó Amy al verme actuar sin chistar. - ¡Tenemos que irnos de aquí!

- Y eso haremos... 

Ni siquiera regresé a verla, no esperaba que lo entendiera. 

Iba exhalando e inhalando con ahínco durante todo el camino. Quería ir más rápido, pero a Amy apenas le respondían las piernas. ¿Por qué estaba haciendo esto? Quería ver su rostro una vez más, si acaso por puro capricho... No, debía ser el simple hecho de que jamás abandonaría a una persona en necesidad, mucho menos en un estado tan crítico como en el que él se encontraba. 

Si yo tenía miedo, su pavor debiera ser mil veces peor.

El camino a casa fue insufrible; veinte minutos de silencio absoluto, veinte minutos en los que seguramente cualquier otra persona hubiera muerto. Al contrario, él cada vez respiraba con menor dificultad ¿Acaso se había quedado dormido?

Lo llevé a mi habitación. Era el único cuarto tranquilo, libre de infinidad de paquetes recibidos y cajas de mudanza aún no vaciadas. Me arrepentía por mi irresponsabilidad.

Amy se negó a entrar en la habitación conmigo. Se encontraba aferrada a la entrada, observándome dejarlo en la cama, dudosa.

Salí de ahí y pasé por su lado sin decir palabra alguna, sin siquiera atreverme a regresarle la mirada. Bajé las escaleras, sintiéndome un tanto impaciente, soltando un gran suspiro. ¿Podría Amy alguna vez perdonarme por todo esto?

Pero me había seguido. Sin decir nada, apenas pude dar media vuelta para quedar frente a ella cuando me abrazó con suma fuerza, sin siquiera verme al rostro. Todavía se encontraba intranquila, sus brazos rodeando mi cuerpo se sentían helados. Correspondí el abrazo, estrechándola fuertemente contra mí, acariciando su cabeza, desviando la mirada. No sin antes haber soltado otro largo suspiro, tuve que pedirle que por favor se fuera a casa en cuanto antes.

- Lamento que no fuera el día que esperábamos...

Pero de saber que esto iba a suceder... 

- No, Sonic. No es eso... - Tan pronto contactó a su chofer, tan pronto había llegado por ella.

... de saber que podía hacer la diferencia entre dejarlo morir o ayudarlo...

Antes de irse, besó mi mejilla.

- Ten mucho cuidado.

Llevé una mano contra mi mejilla, estupefacto. Hice una breve pausa en mi vida, algo de lo que jamás me había percatado. Le he gustado a mucha gente, sabía que a Amy yo le gustaba... realmente se sentía protegida cuando estaba conmigo, pero no me refiero a la parte obvia que es mi talento natural para el combate... ¿De verdad ella se preocupaba por mí? ... ¿Por qué?

...¿realmente hubiera deseado que fuera diferente?

Desvié la mirada, me dolía el rostro de vergüenza de tan sólo pensar en todo esto, de tan sólo pensar en sus sentimientos. No podía ser eso. Debía ser su espíritu tan noble, algo que siempre me había sorprendido de ella... algo que quizá envidiaba...

Pero de ser lo primero... ¿Tendría que cuidar de ese sentimiento?

Negué todo con la cabeza, disgustado. No ganaba nada pensando en esas cosas. Las prioridades del momento eran claras... Incluso así, no deseaba volver al colegio el lunes, hoy particularmente más que nunca.

Fui directo a mi habitación. Tenía ansias por ver a aquel misterioso sujeto. Me inquietaba lo extraordinario que lucía incluso al sólo descansar.

Me había agitado su actitud. Me perturbaba su naturaleza tan hostil, tan salvaje. E incluso así, él no era un cazador; era la presa. Una parte de mí tenía muchísima curiosidad, lo admito. Una parte de mí estaba impaciente porque despertara. Coloqué mi mano sobre su hombro, soltando un suspiro.

¿Quién eres tú?

Me dejaste impresionado desde aquella primera confrontación. Pero, si eres tan increíble... ¿cómo es posible que te encontraras en una situación tan fatal como ésta? ¿Qué es lo que te ha sucedido?

¿De verdad podía hacer la diferencia?

Jalé la única silla que había en la habitación y la coloqué frente a la cama, de tal manera que podía apoyar mis brazos y mi cabeza en el respaldo, quedando frente a él. Su rostro se veía en verdad tranquilo. Cómo olvidaría alguna vez aquel rostro de horror; "¡Por qué no sólo me dejas morir, entonces!" Y pensar que él podría permitirse una mirada así. Un recuerdo insufrible. No podía dejar de verlo.

¿Cuál era tu nombre? 

Con mis pensamientos hechos un lío, no me di cuenta en qué momento me había quedado dormido. 

- Tranquilo... estás a salvo conmigo. - Pude apenas susurrar.

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*14/03/2018
- Sam

lunes, 19 de marzo de 2018

III


Finalmente lo había logrado. Después de todo un mes, finalmente había regresado a este lugar. No lo podía creer. Todos esos días que pasé buscando una oportunidad, todas esas noches en las que mi libertad no era más que un anhelo... toda la humillación que he tenido que soportar... Pese a toda esa furia que sentía de tan sólo recordar, era inevitable sonreír. Al fin había llegado el momento; mi segunda oportunidad.

Era de madrugada. Él descansaba tranquilamente en su habitación sin sospechar que yo estaba aquí, sin saber que había burlado todas sus incompetentes defensas. Qué ser tan estúpido. 

No lo volvería a ver jamás.

Lo tenía frente a mí. Qué gran satisfacción era el tenerlo tan cerca, saber que podía volver a tocarlo... pero dudaba en hacerlo. La última vez que estuve aquí, todo salió muy mal. Me había confiado y, cuando fallé, cuando presioné aquel botón... Perdí la visión y las fuerzas al instante. No podía respirar. Una desesperación insufrible mientras dejaba de ser uno con mi cuerpoLlegar con tanta facilidad aquella vez fue pura suerte. Debí saber que era demasiado bueno para ser verdad. 

Pero ese bastardo no me dejó morir. Era su forma de castigarme.

"¡Prefiero la muerte!" Se lo dije desde que empezó toda esta pesadilla. Hablaba muy en serio en aquel momento, pero ahora... ¿por qué no podía aceptarlo?

Abrir la caja no fue gran cosa. Desatornillé gracias a un trozo de navaja oxidada. El verdadero reto era saber qué demonios hacía cada cable. Era una jungla ahí dentro. Sabía que muchos de ellos eran ornamentales, lo hizo para jugar conmigo. Definitivamente jamás me ganaría su confianza. Por qué de hacerlo. 

Pero entonces, él sí contaba con que llegara tan lejos...

Sacudí la cabeza, no era momento para eso. Fui tan cuidadoso como pude, cortando tanto cable se asomaba por mi camino, con el temor de que alguno activara alguna clase de alarma, emitiera alguna luz o algún ruido, no lo sé. Y claro, que alguno de ellos fuera aquel cable que podía hacer la diferencia. Sólo necesitaba inutilizar el aparato el tiempo suficiente, el tiempo que me tomara matarlo. 

- ¡Qué haces aquí!

Escuchar esa voz, en este momento, en este lugar...

- ¿Qué haces tú aquí? - Repliqué entre dientes, soltando los cables y saliendo de ahí, soltando una gran exhalación. No era momento para perder el control. 

No. Un sueño de tantos meses no se iría a la basura por un descuido. Mejor dicho, por algo tan estúpido.

- Monto guardia. ¿Qué más haría aquí? - Era la primera vez que escuchaba esa voz con ese tono. Tan serio, tan molesto. 

Mejor dicho, era la primera vez que se atrevía a hablarme de esa manera.

- ¿Y desde cuándo es tu trabajo montar guardia? - Exclamé furioso. De todas las noches... ¡Desde cuándo él decidió que sería buena idea darle ese puesto!

Maldita sea. 

- ¿Qué hacías con esos cables? 

- A mí nadie me dijo nada de un cambio de turno. - Interrumpí, lanzándolos a un lado y acercándome con suma impaciencia mientras daba un puñetazo contra la gran caja de acero.

Se atrevió a desenfundar su arma.

- ¡Ja! ¿Tú vas a pelear conmigo? - Mi ira se disipó por unos momentos. No asumí posición de combate. - No tengo tiempo para tus bromas. Vete de aquí.

Pero ya no me haría caso. Apenas pude distinguir que traía su armadura puesta, incluyendo el casco, lo que significaba que sabía de antemano que se encontraría con alguien en esta sala. Es decir, sabía que me encontraría a mí.

Maldición. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Acaso volví a caer en una trampa? ¿Pero qué ganaba mandándola a ella? No lo entiendo. No sabía qué hacer. No podía pensar con claridad y no tenía mucho tiempo. Temía que en cualquier momento se activaran las defensas de la base. O peor aún; que él despertara.

- ¡Qué imbécil fui al confiar en ti! - Su voz sonaba indignada, y ni bien terminó su oración, había blandido su espada contra mí.

Retrocedí dando un gran salto, sin haber recibido el daño.

- ¡Idiota! ¿Es esa a la conclusión a la que llegas? - Si antes sólo me resultaba molesta, ahora sí me había hecho enfurecer. - Si te lo dijera, igual no me creerías. - Pero apenas pude dar media vuelta para verla. Me pateó en el estómago, mandándome a volar fuera de la habitación.

Me había tomado por sorpresa. Me apoyé sobre mi brazo, con una mano contra mi estómago.

- No hacía nada en contra de tu preciada "misión."

Se acercaba a paso firme. La gran puerta de la sala se cerraba a sus espaldas. Intenté correr hacia ella pero nuevamente me derribó contra el suelo de un puñetazo en mi rostro. Regresé a verla sin poder creerlo, mi mano contra mi mejilla. En verdad estaba peleando en serio. 

Se había cerrado. No había tenido la oportunidad de revisarlo, de probarlo, de asegurarme de que ya no funcionara. ¿Qué pasaría si fallaba ahora? Era la primera vez en mi vida que me sentía tan frustrado.  

Me levanté.

- Felicidades, Miracle. - Dije con voz calma mientras aplaudía. Retrocedía un paso por cada uno que yo daba. - ¡Ahora sí estoy furioso!  

Un combate, un maldito combate fue lo único que conseguí aquella noche. En fin que ya se había hecho rutina en mi maldita vida. 

Ninguno de sus golpes acertaba. Pese a que detuve la mano con la que sujetaba la espada, no paró de lanzar puñetazos hasta que le di uno en el estómago. Quedó sin aire y, de una patada en la barbilla, cayó contra el suelo. Frené de golpe.

- ¡Cobarde! 

Había activado la alarma. Se escuchaba por toda la base. Pronto estaría infestada de armas de fuego y sus guardias mecanizados, superiores a sus patéticos badniks. Era momento de huir. 

Cometí un grave error al dejarla vivir.

No tuve problema alguno en salir de ahí, pero eso ya no importaba. Ya no importaba nada. Estuviera donde estuviera, jamás estaría a salvo. 

Me había perdido en el bosque. Me dejé caer de rodillas, mi mano contra mi pecho, aferrado. Inhalaba con dificultad. No podía soportar esta sensación. No podía aceptarlo. Estaba tan cerca, tan estúpidamente cerca...

Enloquecí al verla. 

- Hasta que finalmente el profesor te obsequió algo útil. - El modelo de sus propulsores era muy parecido al mío. No pensé que gastaría su tiempo de esta manera. - Jamás podrás ser tan rápida como yo. 

- No necesito ser más rápida.

- Tal vez... ¡Pero necesitas ser mejor que yo! - Asumí posición de combate. - Lástima que no te dio algo que te quitara lo estúpida.

- ¡Y a ti lo arrogante! 

Corrí hacia ella. No quería volver a saber nada sobre ella, sobre el profesor, sobre nadie. Ni de mí mismo.

- ¡Él sólo te está usando! 

Se paró firmemente, sujetando el mango con suma firmeza, apuntándome al pecho mientras yo seguía acercándome a toda velocidad. Gruñó al escuchar mis palabras.

- ¿Por qué no puedes confiar en nosotros? 

Inesperadamente, la espada comenzó a brillar. Una llamarada azul la envolvía, furiosa, concentrándose en la punta. 

El viento no paraba de susurrarme, de burlarse. La tierra... se sentía tan helada... y aquella ráfaga, aquella sensación de dolor insufrible... Volvía a suceder...

El tiempo se había congelado. Podía escuchar el tic-tac de mi corazón. Yo intenté frenar y ella bajar el arma. Nuestras miradas se cruzaron una última vez. Su culpa, mi arrebato. Qué idiota.

Mi cuerpo se había rendido. Después de casi tres meses, volvía a enfrentarme a ese poder maldito. Era la segunda vez que perdía.

Era demasiado tarde. Siempre sucedía así con aquella maldita espada...

¿De dónde obtenían ese poder? ¿Por qué cada vez eran más? ¿Cómo lo había obtenido ella? Ya no importaba. Si ella no acababa con mi vida ahora, él lo haría...

Hubo una gran explosión.

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*19/03/2018
- Sam

lunes, 12 de marzo de 2018

II


Vengo de un pequeño pueblo donde todo siempre era lo mismo; los mismos escenarios, el mismo y único centro comercial, los mismos rostros... Sí, siempre era lo mismo. No a muchos les gusta la vida rural, y lo entiendo, pero creo que depende del cristal con que lo mires, pues mientras unos lo ven como algo aburrido, yo lo veía con otros ojos; tranquilo. Por ello, lrogué a mis padres que, si tendría que mudarme, al menos me dejaran vivir en aquella vieja choza abandonada de mi abuela que se encontraba en las afueras de la ciudad.

Eran al menos 10 kilómetros de distancia de aquí a allá y finalmente había llegado; Jewel City. 

Wow, realmente la ciudad era otra cosa...

Tuve que recorrer el lugar con mapa en mano, buscando el nuevo colegio al que iría. Era una ciudad interminable. Tenía edificios gigantescos y una variedad increíble de centros comerciales. Definitivamente era elegante. Y con tantos parques, incluso resultaba acogedora. La gente se veía muy concentrada en lo suyo, todos parecían tener algo que hacer. Eso sí, era demasiada gente. ¿Cómo recordarlos a todos?

- Emerald Institute... - Al fin había llegado, y estar parado frente a ese lugar era... era...

Apenas dieron las 11:00 a.m. cuando llegué. Me detuve a contemplar las instalaciones; de arriba a abajo, de izquierda a derecha, por todos lados, embobado. Recorrí un pasillo enorme, lleno de trofeos, fotos de figuras importantes y reconocimientos, alumnos dirigiéndose a sus clases, todos usando uniforme... No me gustaba en lo absoluto, por más bien que luciera, mezcla de blanco, negro y esmeralda. Me daba gracia pensar que había llegado con mis prendas más usadas; mi gorra y chamarra favoritas, ambas rojas.

Al final del pasillo había un campo todavía más formidable. No dejaba de aparecer gente, todos haciendo diversas actividades. No sabía dónde posar la mirada. Tantas cosas se llevaban a cabo en esta ciudad y todas en tan poco tiempo, al mismo tiempo. Me resultaba alucinante.

Mis padres realmente se habían esforzado pensando en mí. Supongo que no haría mal hacer el intento.

- Yo sólo digo que hubiese sido adorable estudiar en un lugar así.

- ¿Y usar esos atuendos tan ridículos? Claro que no.

Alcé la mirada y pude divisar tres siluetas sobre el tejado. Muy escondidos, eran apenas unas sombras. 

- Qué molesto. No soporto que haya tanta gente.

- Eso se puede arreglar...

Bajaron de un salto, a unos pocos pasos de aquí. Se manifestaron con una seguridad repulsiva. Despedían una esencia putrefacta. 

Eran tres aves; dos urracas hembras de mediana estatura y un tucán macho de gran tamaño y grandes músculos. Comprendía que ésta era la ciudad de las joyas, pero ellos exageraban en accesorios. Tenían un plumaje purpúreo y la piel en extremo pálida, un aspecto sumamente irreal.

Juro que podía ver a través de ellos.

Los tres extendieron sus brazos, apuntando al campo. Una extraña luz rojiza comenzó a formarse en la palma de sus manos. Desprendían muchísimo calor. Actuaban como alguna especie de arma y aquella bola no dejaba de crecer.  

 - ¡Qué creen que hacen! - No lo pensé más. 

Regresaron a verme. Era la primera vez que una mirada bastaba para helarme la sangre. Y aquellos ojos rojizos... 

Quedé inmovilizado. 

Una de las chicas me sonrió y, en un abrir y cerrar de ojos, ya se encontraba casi pegada a mi rostro. Había permitido que colocara su mano frente a mi estómago. Liberó aquella extraña luz de energía, creando una explosión. Fue una gran caída.

Aterricé en medio campo, múltiples miradas de horror se posaron sobre mí. Se hizo un caos. Gritos por doquier, todos corrían despavoridos, huían. Yo era el único que permanecía en medio de este desastre, tirado en el suelo, más confundido que nada.

Me advirtieron que la vida en la gran ciudad sería muy ajetreada, pero esto era ridículo.

- ¿Estás bien? - Ese grito finalmente me devolvió a la realidad. Una chica vestida de porrista había corrido en mi auxilio. Se hincó a un lado mío, llevándose sus manos a la boca mientras me observaba por todos lados, horrorizada.

Quizá ya no tenía la fuerza suficiente para moverme, quizá sí lo pude haber esquivado, pero no contaba con que tendría que proteger a esta niña.

- ¡Cuidado! - Por lo cuál terminé lanzándome sobre ella, usando mi cuerpo como escudo.

Soltó otro gran grito cuando otro de esos ataques impactó contra mí, creando nuevamente una explosión. Aquel chillido zumbando en mis oídos y un dolor infernal. Apenas pude mantenerme consciente, pero ella estaba con bien.

Aunque ni siquiera podía alzar la mirada, era imposible ignorar aquellos hermosos ojos color esmeralda que expresaban tanta culpa.

- ... ¿Te... te encuentras bien? - Pregunté, sonriéndole en un intento por tranquilizarla.

Ella me sonrió en respuesta y me ayudó a levantarme. Seguí con mi amable sonrisa un par de segundos más, deparando por un breve instante en el rostro de aquella chica en apariencia tan linda y tan frágil.

Salí de mi bobo pensamiento y pronto hice que me soltara. Finalmente comprendió la gravedad del asunto y se fue, dudando, pero rápido. Éramos sólo ellos y yo. 

Y pensar que había prometido a mis padres no meterme en más problemas...

Volvieron a lanzar ese extraño ataque, esta vez los tres al mismo tiempo. Aunque esquivar resultaba difícil, era buena señal; aún podía moverme. Esas aves quedaron estupefactas al comprobar mi velocidad. No pude evitar sonreír con orgullo. 

Eché a correr y en cuestión de segundos llegué tras haber dado un gran salto. 

- ¿Creyeron que sería tan fácil? ¡No son los únicos que guardan sorpresas! - Grité, lanzando una gran patada a ambas chicas.

Una de ellas quedó tendida en el suelo del corredor, como sería natural. Pero aquella que cayó en el campo abierto, ¡repentinamente se desvaneció! Su cuerpo había desprendido un humo denso, sombrío, mientras que éste perdía forma, desapareciendo.

- Qué demonios está sucediendo con estos fenómenos... 

Un puño de fuerza sobrenatural aterrizó contra mi rostro. 

Había sido el gran tucán. Me hizo retroceder una distancia considerable, mis pies derrapaban contra el suelo. La sangre escurría por mi rostro, empapando mi mano temblorosa. Ya entendía que esto no era un sueño. 

Apenas recuperé el equilibrio, corrí hacia él. Al momento de regresarle el golpe, sonrió burlón a la vez que su imagen se desvanecía. Había fallado. ¡Qué velocidad! Segundos después, sentí cómo me tomaba del cráneo. Me lanzó contra el campo abierto. El impacto había sido fatal. Esta vez no pude soportarlo.

Caí boca abajo, ya no pude hacer más que alzar la mirada para ver a mis poderosos contrincantes. No lo podía creer.

La porrista volvió a gritar, así como nuevamente corrió en mi auxilio. Me admiraba su corazón, pero me odiaba al saber que sólo se estaba exponiendo por culpa de mi inutilidad.

Aparecieron frente a nosotros en cuestión de segundos, con esa sonrisa maliciosa tan propia de ellos. La chica temblaba. Se abalanzó sobre mí, abrazándome con gran fuerza. No podría soportar un golpe más. 

Su líder adelantó un paso. Alzó el brazo y, mientras formaba otra de esas bolas de energía, soltó una terrible carcajada. Éramos su premio. Cerramos los ojos con fuerza y nos pegamos tanto pudimos, esperando nuestro fin.

Pero se trató sólo de una burla.

Tras unos instantes de que no pasara nada, abrí los ojos, a tiempo para ver cómo se desvanecían por vez definitiva. Nos observaban con absoluta seguridad, triunfantes, mientras aquel extraño humo se desprendía de sus cuerpos. Sus rostros serían lo último que viera.

Cuando todo volvió a ser calma, los dos soltamos un gran suspiro, dejándonos caer contra el césped. Hubo un silencio eterno, pero el alivio era enorme.

- ¿Todos los días son así de intensos en este colegio? - Pregunté regresando a ver a mi nueva amiguita rosada de larga cabellera, en un intento por hacerle olvidar el catastrófico evento.

- Espera. ¿Acaso eres un nuevo estudiante? - Preguntó con una gran sonrisa sin siquiera percatarse de lo cerca que estaban nuestros rostros. - ¡Casi no hay erizos en este colegio! - Estaba tan entusiasmada que fue ella quien me hizo a mí olvidarlo todo. - ¿Dónde aprendiste a pelear así? ... ¿No serás uno de ellos, verdad? 

- ¡Por supuesto que no! - Exclamé bromeando junto con ella. - Son los secretos de un chico del extranjero, es todo. - Toqué mi nariz con mi dedo indice dos veces y le guiñé el ojo, indicándole que ahora éste era nuestro secreto. Ello ocasionó que se sonrojara levemente, al igual que a mí al percatarme de ello.

Rápidamente desvió la mirada. Hubo un breve silencio entre nosotros. Se levantó e hice lo mismo al temer haberla importunado. Por suerte, no fue así.

- Amy... - Se presentó agachando la mirada, extendiéndome la mano, tímida. - Gracias por protegernos, fue muy valiente de tu parte...

- Sonic... - Respondí tomando su mano, volviendo a sonreír. - Nada que agradecer, tú también fuiste muy valiente.

Agachó todavía más la cabeza, pero incluso así se sonreía para sí misma, un tanto nerviosa. Se veía muy linda de esa manera.

Insistió por llevarme a la enfermería, lo cual no era necesario, y se sorprendió al comprobar que era cierto, pues yo caminaba a su lado como si nada hubiera sucedido. Pero estuvo bien. Tuve una pequeña oportunidad para seguir un rato más con ella, conocerla un poco más y, claro, verla. Me causaba gracia cada vez que se impresionaba. Hacía muchas preguntas y me divertía dejarla con la duda. 

Sin embargo, entre risa y risa, no podía sacar de mi cabeza a esos tres sujetos. Su simple recuerdo me fastidiaba. La verdad es que mi cuerpo todavía me dolería bastante durante par de días después. Y esa forma de pelear era... ¿Quién demonios eran? ¿De dónde habían salido? ¿De verdad tendrían el poder necesario para destruir todo este lugar? ¿Pero con qué fin? 

Debo admitir que, por un momento, de verdad creí que moriría de manera tan absurda.

Pero lo que en verdad me tendría tan agobiado a partir de ese día, sería saber a dónde rayos se habrían ido.

Porque con certeza, regresarían.

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*12/03/2018
- Sam

lunes, 5 de marzo de 2018

I


Oscurecía. Soplaba como fiera el viento y todavía me encontraba lejos. Las calles se encontraban abandonadas. No era sorpresa. Volvía a cometer el error de caminar por las repugnantes e inhabitables calles de Downhood.

- Adoro a esos niños... - Dije entre dientes mientras atravesaba el barrio. - Creen que pueden conmigo, ¡no me hagan reír! 

Siempre era lo mismo; recorro este basurero con alguna estúpida ilusión mía... ¿para qué? Sólo para terminar odiándolo más que de costumbre. 

- Es la cuarta vez que tratan de asaltarme este día. - Por un segundo, se dibujó en mi rostro una sonrisa orgullosa. Lanzaba y atrapaba una pequeña bolsa llena de monedas y objetos brillantes, pero nada valiosos. Era de esos mocosos. 

Lo detesto, detesto este lugar. ¿Y por qué sigo aquí? ... Porque pertenezco aquí. Downhood es mi única acompañante. No tengo a nadie. No necesito a nadie. Cuando era niño, aprendí a defenderme. De adolescente, aprendí a desconfiar. Y ahora que soy adulto... ¿cuál es la diferencia? El odio siempre ha sido mi único guía. El único que jamás me ha abandonado.

De repente me hace pensar... ¿por qué me esfuerzo en sobrevivir?

¿Y alguien me creería si le dijera que este basurero alguna vez fue la metrópoli perfecta? O al menos eso dicen los rumores. Yo sólo soy uno de los muchos hijos de Downhood. Es decir: basura.

Dejé de caminar, atento. Varios edificios se encontraban en un estado peor que de costumbre. Eran enteramente escombros. Me había desorientado. Y el escenario sólo empeoraba conforme avanzaba, a paso cada vez más acelerado. 

No me desvié de mi ruta. No se podía escuchar ni un sólo ruido. Había una cantidad enfermiza de cadáveres en mi camino. No sabía que este lugar tenía tanta gente como para permitirse una masacre así. Unos cuerpos mucho más frescos que otros, ¿cómo pude darme cuenta de algo así hasta ahora? Estaba acostumbrado a este tipo de cosas, sí, pero algo se sentía sumamente irreal. Casi alineados, los cuerpos me guiaban hasta mi refugio. Me seguían.

¿Otro reto? No, esto era distinto.

La puerta se encontraba abierta. La cerradura estaba forzada y había sangre por todos lados. 

- Sabía que no era un buen lugar para quedarme. - Dije en voz baja, mis manos dentro de mis bolsillos, soltando un suspiro mientras observaba con desagrado los cuerpos inertes de mis inquilinos. 

Eran tres sujetos que se sentían muy cabrones por tener grandes músculos. La casa era de ellos. Llegué con un trato justo; la casa como refugio a cambio de mi protección, pero ahora ya no había ni refugio ni gente que proteger. 

- Inútiles... - Solté otro suspiro, pero no fue suficiente para contenerme. - ¡Es que acaso nadie sirve aquí!

- ¡No es tan fácil como crees! 

Aquella voz provenía de la casa. Me adentré apenas un par de pasos. Vi un cuerpo escondido detrás de unas viejas sillas, un rostro lleno de rencor e ira. 

- ¿Qué rayos crees que haces aquí? 

- ¡Esos tres intentaron protegerme de ese traidor y fueron asesinados en cuestión de segundos! 

- ¿Protegerte? Claro... - Respondí negando con la cabeza, torciendo los ojos, agachándome para ver con mayor claridad con quién hablaba. - Oye, tú no eres de aquí...

Qué niña tan inocente y estúpida. Se trataba de una pequeña chinchilla de pelaje grisáceo. Parecía apenas tener unos diez años de edad, pero no por ello daba ternura. Estaba totalmente pálida, algo en su mirada me desconcertaba. Su forma de vestir era igualmente inusual. Usaba falda corta y sandalias, accesorios en su pelo, en su cuello, en sus brazos, piernas y orejas. No me sorprendía que la tuviera en la mira sea quien sea. 

- ¡Es demasiado fuerte! ¡Cuidado! 

- ¿Todavía hay más estúpidos que se atreven a desafiarme? 

- Qué gracioso. Esa es mi línea.

Pero ni siquiera pude regresar la mirada.

Ya estaba ahí. Tomó de mi brazo y con una fuerza sobrenatural me lanzó contra el suelo, sacándome de la casa. Me había hecho derrapar contra el concreto.

Alcé la mirada de inmediato, pero ya ni la niña ni él se encontraban ahí. Una sombra pasó por encima de mí y el grito de la mocosa fue audible una última vez. Habiendo salido de la ciudad, tuve que reconocer que le había perdido la pista. Jadeaba, mis manos contra mis rodillas.

Había sido en vano.

El silencio era insoportable. Quedé rodeado únicamente de árboles. Había oscurecido ya y comenzaba a llover. Nada más resolví volver a la ciudad cuando apareció tan repentinamente frente a mí. Lanzó su puño contra mi rostro. Apenas pude esquivarlo. Estaba en shock. Su repentina aparición. Su fuerza. ¡Qué velocidad!

Un escalofrío fatal recorrió todo mi cuerpo. Una sensación totalmente ajena, nueva. Mi corazón latía violentamente. Tenía el presentimiento de que sería la última vez que lo sentiría así.

Ni siquiera pude pisar tierra. Me tomó de la chamarra y me acercó a su rostro. Unos ojos rojos cual sangre, dignos de aquel monstruo. Una voz estridente, perfecta para aquella risa inhumana.

De un fuerte rodillazo en el estómago me sacó el aire, desconectándome. Colocó su mano frente a mi rostro. Una luz rojiza me cegó por completo. Hubo una gran explosión.

Nunca pensé que terminaría así.

Caí contra el suelo. Inhalaba y exhalaba con desesperación. No me alcanzaba el oxígeno. Mi rostro estaba bañado en sangre. Una gelidez inconcebible obligaba a mi cuerpo a tiritar frenéticamente.

Esos ojos y aquella voz serían mi último recuerdo. ¿Quién demonios había sido ese sujeto?

Daba igual. 

Había sido sólo una víctima más...

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*05/03/2018
- Sam

jueves, 1 de marzo de 2018

Corazón Artificial - Introducción

"Un individuo perfecto. 

Bendecido con dotes excepcionales: su inteligencia, su fuerza, su velocidad, su encanto; el equilibrio ideal entre mente y cuerpo. Todos tiemblan al escuchar su nombre. Su mirada fría, inconfundible, suficiente para paralizar el cosmos.
Maldito por su existencia. 

Condenado a una búsqueda eterna en el absurdo, perdido. Esos pensamientos, tan turbulentos, indecisos. Esas emociones, tan ruidosas, ajenas. Y ese corazón... Oh, ese corazón. Tan pequeño, tan frágil, tan molesto...

La forma perfecta. 

A paso marcado, un tic-tac constante que te obliga a caminar siempre hacia el frente. No saber cuándo perderás lo único que te importa, ¡insoportable incertidumbre! Una vida llena de soledad. No tener a nadie, no necesitar a nadie. No hay tiempo para lamentarse, ni tiempo para los demás. Tú no viniste a este mundo para esas nimiedades. Eres un instrumento, un artefacto...

El arma perfecta.

Tu pasado ya no existe y el futuro será la culpa de tu presente. Pero a ti ni siquiera te importa tu presente."

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02/02/2018
- Sam


Aviso Importante

¡Hola!

En esta entrada, podrás encontrar la fecha de publicación de los capítulos de esta historia. 
También puedes encontrarlos publicados todos los lunes en la página de Google+ de Corazón Artificial.
Espero la versión final de esta historia sea de tu agrado :)

01/Marzo/2018: Introducción
05/Marzo/2018: Capítulo I
12/Marzo/2018: Capítulo II
19/Marzo/2018: Capítulo III
26/Marzo/2018: Capítulo IV
02/Abril/2018: Capítulo V
Especial I
09/Abril/2018: Capítulo VI
16/Abril/2018: Capítulo VII
23/Abril/2018: Capítulo VIII
30/Abril/2018: Capítulo IX
7/Mayo/2018: Capítulo X
Especial II
14/Mayo/2018: Capítulo XI


Por el momento, eso es todo.
Gracias por tu atención y apoyo :) 

- Sam